Cuba le alegró el cumpleaños a Castro, mientras falló Estados Unidos
De nuevo, el béisbol cubano no falló en la cita olímpica y comenzó la de Pekín 2008 con un gran triunfo revancha frente a Japón, el campeón mundial, brindándoselo como gran regalo de cumpleaños a su presidente y comandante, Fidel Castro.
La imagen opuesta presentó el equipo de Estados Unidos que vio como su inconsistencia y falta de pitcheo los dejó con una derrota frustrante ante Corea del Sur cuando más necesitaban la victoria.
Pero ambas situaciones no son sorpresa ni novedad en el torneo de béisbol olímpico, que disfruta de la última participación como deporte oficial, sino que se reafirmaron en lo que siempre ha sucedido desde Barcelona 92.
Cuba respondió a la condición de favorito para revalidar su medalla de oro de Atenas 2004 y Estados Unidos a tener que demostrar que puede conseguir la segunda sin las estrellas de las Grandes Ligas, su asignatura pendiente y la que ha costado, que el deporte se vaya de la familia olímpica.
Es cierto, que el torneo no ha hecho más que comenzar, pero para Cuba era un partido y una fecha muy especial, dado que se trataba de ver en acción de nuevo al equipo nacional símbolo del deporte del país y en el día que Castro cumple 82 años.
Todo el equipo cubano entendió desde que salió al diamante del Estadio de Béisbol de Wukensong que Castro los iba a tener un cumpleaños especial viéndolos en acción y además disfrutando al máximo de la victoria, que además llegó de la mano de dos lanzadores veteranos que tiraron dinamita pura.
El abridor Norge Luis Vera, de 37 años, y el relevista Pedro Luis Lazo, de 35, entendieron mejor que nadie que su experiencia debía ser un factor decisivo ante los jóvenes talentos del béisbol japonés que al final no pudieron evitar la derrota.
Expresiones de alegría
Antonio Pacheco, uno de los ex capitanes históricos del equipo y ahora responsable de dirigirlo, reconoció que el partido había sido una joya de pitcheo por ambos lados. "La diferencia estuvo en mantener a nuestro abridor en el montículo hasta casi el final del partido, que se presentó muy difícil como siempre sucede con el primero de un torneo de los Juegos Olímpicos", declaró Pacheco.
El manejador cubano reconoció que el triunfo por 4-2 ante Japón no le quitaba méritos ni calidad al equipo nipón, que en algunos aspectos había sido superior al suyo.
"Han llegado como siempre muy bien preparados, con lanzadores inteligentes, que pueden ir a más a medida que avance el torneo", agregó Pacheco.
Sobre si Cuba había sentido la presión por ser la última vez que el deporte del béisbol iba a disputarse como oficial en unos Juegos Olímpicos, Pacheco dijo que era algo que estaba presente.
"Significa muchísimo para nosotros que sea la última Olimpiada y si ganamos entraremos en la historia, por lo que estamos dispuestos a dar una buena batalla", agregó Pacheco.
Por su parte, Vera reconoció que había tenido una buena actuación en el montículo, aunque también admitió que necesitaba hacer mejor las cosas con el control de la pelota.
Tan bien como bateo el designado Alfredo Despaigne, que hizo su debut por la puerta grande con tres carreras impulsadas, en su debut olímpico. "Fue mi primer partido de Juegos Olímpicos, y aunque tenía experiencia en la Copa del Mundo, lo conseguido ante Japón me dará confianza para el reto del torneo", subrayo Despaigne.
El trago amargo
La experiencia opuesta se dio con Estados Unidos, uno de los favoritos al oro, que perdió por 8-7 ante Corea del Sur cuando el cerrador Jeff Stevens no pudo mantener una ventaja de una carrera en el noveno episodio.
El veterano piloto del equipo de las barras y las estrellas, Davey Johnson, admitió que la falta de entendimiento en la jugada decisiva fue la que los privo del triunfo.
"La mala comunicación entre el primera base y el lanzador fue lo que provocó que se diese la pelota de partido y cayese del lado de nuestro rivales", subrayó Johnson. "Nuestros lanzadores han estado bien, pero no siempre en el béisbol se consigue que las cosas estén de tu lado".
Johnson dijo que el torneo no había hecho más que comenzar y la derrota para todos iba a servir de gran experiencia, aunque en ningún momento evadió la responsabilidad que su equipo había fallado una vez más en el momento que a nivel de imagen más necesitaba ganar.
Con EFE




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